viernes, 7 de noviembre de 2014

Road trip por Andalucía: Córdoba


5 horas de tren
206 km en autobús
643 km en coche
1 grupo de Whatsapp llamado "Hijas perdías en Andalucía"
2 cámaras de fotos + 2 cámaras de móvil
2 abanicos
1254 fotos 
7 CDs
157 canciones
1 Opel Astra
44 grados a la sombra
9 días
8 noches
1 pensión
2 hoteles
3 hostales
1 día y medio en Córdoba
2 días en Granada
1 día en Frigiliana
1 día en Tarifa
1 día en Cádiz
 2 días en Sevilla
9 días de desconexión
9 días de felicidad

Después de casi dos meses, llega la hora revivir uno de las viajes más importantes de mi vida. A veces, no sólo importa el lugar sino todas las circunstancias que rodean a la aventura: compañeros de viaje, situación personal, vivencias... Este viaje ha sido un cóctel de lugares con mucho encanto, risas, misticismos, confesiones, nervios, carreteras con muchas curvas, personajes extraños y situaciones inverosímiles. 

Esta crónica no pretende ser otra cosa que un repaso de nuestro viaje, con algunas recomendaciones a partir de lo que hemos hecho, ni mucho menos lo hemos visto todo, así que seguramente me deje muchas cosas imprescindibles. Aún así espero que sea útil :) Todas las fotos están hechas por nosotras.

Días 1 y 2: Córdoba
Llegamos a Córdoba en Ave desde Tarragona. Pasamos la única noche en la ciudad en el Hostal Maestre. Su situación es inmejorable, a 5 minutos de la Mezquita y con unos patios interiores preciosos. Nuestra habitación daba a uno de ellos y no podías dejar de mirar por la ventana.


Después de instalarnos y hacer mil fotos a los patios, decidimos salir a al infierno la calle. El calor era horrible y en el primer sitio que encontramos nos metimos a comer algo bien típico. Un salmorejo y unos flamenquines!


Después de la primera comilona primera de muchas echamos rumbo a la Mezquita... Con el calor que hacía no había nadie por la calle y a nosotras solo nos faltaba correr para llegar lo antes posible.



Al entrar en la Mezquita te inunda su grandeza y misterio. La luz al principio es muy tenue y va aumentando a medida que la vas descubriendo. Cada rincón, cada arco, cada columna, merece ser admirado.









Al salir, estuvimos dando una vuelta por el puente romano y por las callejuelas del centro. Creo que no lo he dicho todavía, hacía mucha calor. No sé si os habéis dado cuenta... pero no había ni un alma por ningún sitio...


Catedral-Mezquita sobre el río Guadalquivir

Arcángel San Rafael sobre el puente romano

Calleja de las flores


A media tarde fuimos a la plaza de la Corredera y nos sentamos a tomarnos unas cañas y un montadito. A esas horas, ya había más ambiente, hacia menos calor y las terrazas de la plaza empezaban a llenarse.

Por la noche, buscando un geocaching (que no llegamos a encontrar), descubrimos el Cristo de los Faroles. Un Cristo rodeado de farolillos con una luz muy débil. La plaza donde está situado solo está iluminada por esos faroles y era espectacular el ambiente lúgubre del lugar. Muy recomendable ir por la noche, de día no es lo mismo. No tenemos fotos porque de noche dejábamos la cámara en el hotel...

Al día siguiente, fuimos al Alcázar de los Reyes Cristianos, antigua fortaleza que se convirtió en residencia de los Reyes Cristianos durante 8 años.





Después de la visita, llegamos paseando hasta el Palacio de Viana, una casa nobiliaria con 12 patios absolutamente preciosos. Inicialmente, fue habitada por los marqueses de Villaseca, tiene gracia la cosa...

                         



Por la tarde, cogimos un autobús que nos llevó hasta Granada. Antes de irnos, acabamos de callejear por la ciudad y nos despedimos de ella con un gran sonrisa.




Imprescindibles
(algo personal y basado en nuestras experiencias)

Mezquita-Catedral
Puente romano
Calleja de las flores
Cristo de los faroles
Pasear por el centro
Alcázar de los Reyes Cristianos
Palacio de Viana
Templo Romano
Plaza de la Corredera
Tortillaca del Bar Santos

lunes, 6 de octubre de 2014

Aprendiendo




"He aprendido que los amores pueden llegar por sorpresa o terminar en una noche. Que grandísimos amigos pueden volverse grandísimos desconocidos, y que por el contrario, un desconocido puede volverse alguien inseparable. Que el "nunca más", nunca se cumple y que el "para siempre", siempre termina.  Que el que quiere, lo puede, lo sigue, lo logra y lo consigue. Que el que arriesga no pierde nada, y el que no arriesga, no gana. Que el físico atrae, pero la personalidad enamora. Que si quieres ver a alguien, díselo, mañana será tarde. Que el sentir dolor es inevitable, pero sufrir es opcional. Y sobre todo, he aprendido que no sirve absolutamente de nada, seguir negando lo inevitable". 

-Anónimo
 

Septiembre ha sido un mes de locos y todavía no he tenido tiempo para ponerme con el post (o postsss) de Andalucía. Será lo próximo ;)

martes, 29 de julio de 2014

Sobre despeinarse



Hoy he aprendido que hay que dejar que la vida te despeine. Por eso he decidido disfrutarla con mayor intensidad. 
 
El mundo está loco. Definitivamente loco. Lo rico, engorda. Lo lindo sale caro. El sol que ilumina tu rostro arruga. Y lo realmente bueno de esta vida, despeina. 

Hacer el amor, despeina.
Reírte a carcajadas, despeina.
Viajar, volar, correr, meterte en el mar, despeina.
Quitarte la ropa, despeina. Besar a la persona que amas, despeina.Jugar, despeina.Cantar hasta que te quedes sin aire, despeina.

Deja que la vida te despeine...

Lo peor que puede pasarte es que, sonriendo frente al espejo, te tengas que volver a peinar.

-Mafalda-

lunes, 26 de mayo de 2014

Quiero escribir sobre algo



Hace tiempo que quiero escribir algo, algo sobre cómo me siento, sobre lo que me importa ahora, sobre lo que ya no me importa, sobre lo que pasa por mi cabeza, sobre mis sueños, sobre los nuevos recuerdos, sobre lo que está por venir y sobre lo que ya no vendrá.

Me gustaría escribir también sobre las nuevas ciudades y rincones que estoy descubriendo, sobre las personas que han aparecido en mi vida, sobre aquellas que ya no están y sobre las que agradezco infinitamente que todavía estén, sobre los nuevos restaurantes, sobre las noches que parece que no acaben y sobre las mañanas con ojeras de felicidad. 

Podría estar bien escribir sobre lo que he aprendido y sobre lo de conocerme a mí misma, sobre el rencor, la sinceridad, la culpa y el perdón, y también sobre lo de dejarme llevar y fluir, sobre los nuevos retos y sobre lo que tengo que hacer para llevarlos a cabo, sobre mis inquietudes y sobre lo bien que duermo por las noches.

A veces, me gustaría escribir sobre el pasado, otras sobre el futuro, pero sobre todo del presente, sobre los viajes inesperados y los que vendrán, sobre planificaciones y organizaciones, sobre listas y planes mentales, sobre mesas para doce personas, sobre las risas a carcajadas y sobre los lloros de pena y de felicidad. También sobre la suerte, las señales y las conexiones, sobre cantar en el coche y sobre bailar de madrugada, sobre pintarse las uñas, cortarse el pelo y pintarse los labios de rojo.

No me podría olvidar de escribir sobre la primavera, o volver a hacerlo sobre el invierno, pero es mucho mejor escribir sobre el verano y el otoño, también sobre el mar, la playa y las excursiones, sobre acordarte de algo y reírte sola por la calle, o sobre la comida, las tapas y las cañas, sobre los encuentros fugaces y los inesperados, sobre las cenas a dos, a tres, a cuatro o a cinco.

Y ya que estamos, incluso podría escribir algo sobre los días de lluvia y sobre los días de sol, sobre los paseos con mi perro que me dan paz y serenidad, sobre los silencios incómodos que estallan en risas y sobre tonterías que me acompañan durante semanas, sobre los mensajes y llamadas de madrugada, sobre las sonrisas que me llenan el alma, sobre miradas cómplices entre amigas que lo dicen todo y sobre películas que dan que pensar.

Resulta que tenía ganas de escribir sobre algo y al final, he escrito sobre todo.

jueves, 24 de abril de 2014

Lo mejor de nuestro viaje a Berlín

Había olvidado lo qué era viajar sin preocupaciones y sin planificaciones. Sin pensar meses antes cómo y a qué hora llegar al aeropuerto, sin estresarme con los desplazamientos en una ciudad que no conozco y sin ni siquiera pasarme por la cabeza dónde iba a dormir. Simplemente, había olvidado dejarme llevar.

Los viajes te cambian y te marcan a partes a iguales. Tres semanas en Irlanda siendo una jovenzuela me hicieron madurar a palos de golpe en lo que a viajes se refiere. Una semana en Nueva York me aportó un chute de energía y felicidad. Y cinco días en Berlín me han hecho darme cuenta de que hay más vida después de Nueva York (y qué vida!)... y que no es lo mismo ir por el mundo con 16 años que con 26. Así que podemos confirmar que sí, Berlín me ha marcado y para bien.

Dejando a un lado los misticismos y las reflexiones, esta entrada es un pequeño homenaje a este pequeño gran viaje. Quiero agradecer a las otras dos protagonistas de esta aventurilla las fotos, los consejos y las ideas para la elaboración de este post. Gracias por esto y por todo lo demás. Esto es de las tres.

Y aquí está lo mejor de nuestro viaje a Berlín:

- Unas vistas: desde el Viktoriapark. Quizás no son las más espectaculares de la ciudad pero merece la pena sentarse en las escaleras y arreglar el mundo desde allí arriba con unas cervezas.



- Un restaurante: Max und Moritz (Oranienstrasse 162). Qué mejor que te lleven a un restaurante alemán a degustar su copiosa gastronomía! 





- Un brunch: casa de mi amiga Alba o Kauf Dich Glücklich (Oderberger Straße 44). Sin ninguna duda recomiendo casa de Alba para ir a hacer el brunch, ella es muy maja, os sentiréis como en casa. Lástima que no me acuerdo de su dirección, era algo como Snbkasdgnksg Strasse. El problema es que la chef se vino conmigo de vuelta en el avión, así que no os aseguro que los huevos revueltos salgan igual. Si no encontráis casa de Alba (seguramente, ya que he dejado caer los dedos al azar en el teclado para escribir una posible calle alemana), podéis acercaros al Kauf Dich Glücklich. A medida que nos acercábamos al lugar, las calles eran cada vez más encantadoras y un ambiente especial se respiraba en el lugar. Cuando Alba dijo "es ahí" y vi a lo que se refería por AHÍ me dio una taquicardia de bonitismo (y eso que todavía no había ni entrado). Entramos, pedimos 3 brunch para las 4  y nos dijeron que había que esperar media hora para tenerlo todo en la mesa. La espera valió la pena, quesos de todo tipo, mermeladas, salsas, embutido, fruta, panes de todas las clases (qué panes!)... En fin, super recomendable, bien de precio y en un ambiente único. Se cumplió aquello de desayunar y cotillear en la cafetería más encantadora que encontremos... y superó las expectativas.






- Una locura: cruzar los 2 km de pista del aeropuerto de Tempelhof. Las cosas espontáneas es lo que tienen, ¿hacemos mil transbordos en metro para llegar al próximo destino o cruzamos la pista de un antiguo aeropuerto convertido en parque para llegar a él? Pues eso, aeropuerto! Yo recuerdo andar y andar, y de vez en cuando girarme y darme cuenta de que no avanzábamos...



- Disfrutar de la primavera: en el mercadillo de Kreuzberg.

Vistas desde el mercadillo

- Una noche de domingo: en el club el Visionäre (Am Flutgraben, 1). "Sus baños dan asco", eso dice la Lonely Planet de este club a pie del río, lo corroboramos. La verdad es que su situación es espectacular y los personajes que allí te encuentras dan para un montón de anécdotas... Te puedes encontrar al doble de Mick Jagger y conocer a un bosnio (en serio, alguien conoce a un bosnio?). A la luz del día incluso parece un lugar tranquilo donde tomarse un café...

Via ClubRegion


- Una frase: water for the fishes. Esto no necesita explicación, cada uno que lo interprete como quiera.


- Un tentempié: un brezel (o pretzel).



- Un instante: todos aquellos momentos en que nos tomábamos un descanso y escribíamos todo lo vivido.



- Un icono: el Ampelmann.




- Un barrio: Kreuzberg. Calles adoquinadas, gente peculiar, terrazas encantadoras, qué más se puede pedir?




- Arte urbano: pintadas de los patios interiores.



- Una palabra: Ausgang (salida en alemán). Durante unas horas pensamos que era una estación de metro muy común.


- Un deseo:  ((________________))



- Un parque: Mauerpark, su mercadillo, su karaoke, su gente estrambótica y las barbacoas de usar y tirar.







- Una parada de metro: Alexanderplatz o cualquiera que dé al aire libre...




- Algo relajante: estar de cháchara hasta la tantas...



- Una fotógrafa confidente:

Hola Montse! (FO-TA-ZA)



- Una gran anfitriona y el alma de la fiesta:

Aquí parece que no haya roto nunca un plato...

- Unas compañeras de viaje:



Gracias. Gràcies. Danke.