lunes, 6 de octubre de 2014

Aprendiendo




"He aprendido que los amores pueden llegar por sorpresa o terminar en una noche. Que grandísimos amigos pueden volverse grandísimos desconocidos, y que por el contrario, un desconocido puede volverse alguien inseparable. Que el "nunca más", nunca se cumple y que el "para siempre", siempre termina.  Que el que quiere, lo puede, lo sigue, lo logra y lo consigue. Que el que arriesga no pierde nada, y el que no arriesga, no gana. Que el físico atrae, pero la personalidad enamora. Que si quieres ver a alguien, díselo, mañana será tarde. Que el sentir dolor es inevitable, pero sufrir es opcional. Y sobre todo, he aprendido que no sirve absolutamente de nada, seguir negando lo inevitable". 

-Anónimo
 

Septiembre ha sido un mes de locos y todavía no he tenido tiempo para ponerme con el post (o postsss) de Andalucía. Será lo próximo ;)

martes, 29 de julio de 2014

Sobre despeinarse



Hoy he aprendido que hay que dejar que la vida te despeine. Por eso he decidido disfrutarla con mayor intensidad. 
 
El mundo está loco. Definitivamente loco. Lo rico, engorda. Lo lindo sale caro. El sol que ilumina tu rostro arruga. Y lo realmente bueno de esta vida, despeina. 

Hacer el amor, despeina.
Reírte a carcajadas, despeina.
Viajar, volar, correr, meterte en el mar, despeina.
Quitarte la ropa, despeina. Besar a la persona que amas, despeina.Jugar, despeina.Cantar hasta que te quedes sin aire, despeina.

Deja que la vida te despeine...

Lo peor que puede pasarte es que, sonriendo frente al espejo, te tengas que volver a peinar.

-Mafalda-

lunes, 26 de mayo de 2014

Quiero escribir sobre algo



Hace tiempo que quiero escribir algo, algo sobre cómo me siento, sobre lo que me importa ahora, sobre lo que ya no me importa, sobre lo que pasa por mi cabeza, sobre mis sueños, sobre los nuevos recuerdos, sobre lo que está por venir y sobre lo que ya no vendrá.

Me gustaría escribir también sobre las nuevas ciudades y rincones que estoy descubriendo, sobre las personas que han aparecido en mi vida, sobre aquellas que ya no están y sobre las que agradezco infinitamente que todavía estén, sobre los nuevos restaurantes, sobre las noches que parece que no acaben y sobre las mañanas con ojeras de felicidad. 

Podría estar bien escribir sobre lo que he aprendido y sobre lo de conocerme a mí misma, sobre el rencor, la sinceridad, la culpa y el perdón, y también sobre lo de dejarme llevar y fluir, sobre los nuevos retos y sobre lo que tengo que hacer para llevarlos a cabo, sobre mis inquietudes y sobre lo bien que duermo por las noches.

A veces, me gustaría escribir sobre el pasado, otras sobre el futuro, pero sobre todo del presente, sobre los viajes inesperados y los que vendrán, sobre planificaciones y organizaciones, sobre listas y planes mentales, sobre mesas para doce personas, sobre las risas a carcajadas y sobre los lloros de pena y de felicidad. También sobre la suerte, las señales y las conexiones, sobre cantar en el coche y sobre bailar de madrugada, sobre pintarse las uñas, cortarse el pelo y pintarse los labios de rojo.

No me podría olvidar de escribir sobre la primavera, o volver a hacerlo sobre el invierno, pero es mucho mejor escribir sobre el verano y el otoño, también sobre el mar, la playa y las excursiones, sobre acordarte de algo y reírte sola por la calle, o sobre la comida, las tapas y las cañas, sobre los encuentros fugaces y los inesperados, sobre las cenas a dos, a tres, a cuatro o a cinco.

Y ya que estamos, incluso podría escribir algo sobre los días de lluvia y sobre los días de sol, sobre los paseos con mi perro que me dan paz y serenidad, sobre los silencios incómodos que estallan en risas y sobre tonterías que me acompañan durante semanas, sobre los mensajes y llamadas de madrugada, sobre las sonrisas que me llenan el alma, sobre miradas cómplices entre amigas que lo dicen todo y sobre películas que dan que pensar.

Resulta que tenía ganas de escribir sobre algo y al final, he escrito sobre todo.

jueves, 24 de abril de 2014

Lo mejor de nuestro viaje a Berlín

Había olvidado lo qué era viajar sin preocupaciones y sin planificaciones. Sin pensar meses antes cómo y a qué hora llegar al aeropuerto, sin estresarme con los desplazamientos en una ciudad que no conozco y sin ni siquiera pasarme por la cabeza dónde iba a dormir. Simplemente, había olvidado dejarme llevar.

Los viajes te cambian y te marcan a partes a iguales. Tres semanas en Irlanda siendo una jovenzuela me hicieron madurar a palos de golpe en lo que a viajes se refiere. Una semana en Nueva York me aportó un chute de energía y felicidad. Y cinco días en Berlín me han hecho darme cuenta de que hay más vida después de Nueva York (y qué vida!)... y que no es lo mismo ir por el mundo con 16 años que con 26. Así que podemos confirmar que sí, Berlín me ha marcado y para bien.

Dejando a un lado los misticismos y las reflexiones, esta entrada es un pequeño homenaje a este pequeño gran viaje. Quiero agradecer a las otras dos protagonistas de esta aventurilla las fotos, los consejos y las ideas para la elaboración de este post. Gracias por esto y por todo lo demás. Esto es de las tres.

Y aquí está lo mejor de nuestro viaje a Berlín:

- Unas vistas: desde el Viktoriapark. Quizás no son las más espectaculares de la ciudad pero merece la pena sentarse en las escaleras y arreglar el mundo desde allí arriba con unas cervezas.



- Un restaurante: Max und Moritz (Oranienstrasse 162). Qué mejor que te lleven a un restaurante alemán a degustar su copiosa gastronomía! 





- Un brunch: casa de mi amiga Alba o Kauf Dich Glücklich (Oderberger Straße 44). Sin ninguna duda recomiendo casa de Alba para ir a hacer el brunch, ella es muy maja, os sentiréis como en casa. Lástima que no me acuerdo de su dirección, era algo como Snbkasdgnksg Strasse. El problema es que la chef se vino conmigo de vuelta en el avión, así que no os aseguro que los huevos revueltos salgan igual. Si no encontráis casa de Alba (seguramente, ya que he dejado caer los dedos al azar en el teclado para escribir una posible calle alemana), podéis acercaros al Kauf Dich Glücklich. A medida que nos acercábamos al lugar, las calles eran cada vez más encantadoras y un ambiente especial se respiraba en el lugar. Cuando Alba dijo "es ahí" y vi a lo que se refería por AHÍ me dio una taquicardia de bonitismo (y eso que todavía no había ni entrado). Entramos, pedimos 3 brunch para las 4  y nos dijeron que había que esperar media hora para tenerlo todo en la mesa. La espera valió la pena, quesos de todo tipo, mermeladas, salsas, embutido, fruta, panes de todas las clases (qué panes!)... En fin, super recomendable, bien de precio y en un ambiente único. Se cumplió aquello de desayunar y cotillear en la cafetería más encantadora que encontremos... y superó las expectativas.






- Una locura: cruzar los 2 km de pista del aeropuerto de Tempelhof. Las cosas espontáneas es lo que tienen, ¿hacemos mil transbordos en metro para llegar al próximo destino o cruzamos la pista de un antiguo aeropuerto convertido en parque para llegar a él? Pues eso, aeropuerto! Yo recuerdo andar y andar, y de vez en cuando girarme y darme cuenta de que no avanzábamos...



- Disfrutar de la primavera: en el mercadillo de Kreuzberg.

Vistas desde el mercadillo

- Una noche de domingo: en el club el Visionäre (Am Flutgraben, 1). "Sus baños dan asco", eso dice la Lonely Planet de este club a pie del río, lo corroboramos. La verdad es que su situación es espectacular y los personajes que allí te encuentras dan para un montón de anécdotas... Te puedes encontrar al doble de Mick Jagger y conocer a un bosnio (en serio, alguien conoce a un bosnio?). A la luz del día incluso parece un lugar tranquilo donde tomarse un café...

Via ClubRegion


- Una frase: water for the fishes. Esto no necesita explicación, cada uno que lo interprete como quiera.


- Un tentempié: un brezel (o pretzel).



- Un instante: todos aquellos momentos en que nos tomábamos un descanso y escribíamos todo lo vivido.



- Un icono: el Ampelmann.




- Un barrio: Kreuzberg. Calles adoquinadas, gente peculiar, terrazas encantadoras, qué más se puede pedir?




- Arte urbano: pintadas de los patios interiores.



- Una palabra: Ausgang (salida en alemán). Durante unas horas pensamos que era una estación de metro muy común.


- Un deseo:  ((________________))



- Un parque: Mauerpark, su mercadillo, su karaoke, su gente estrambótica y las barbacoas de usar y tirar.







- Una parada de metro: Alexanderplatz o cualquiera que dé al aire libre...




- Algo relajante: estar de cháchara hasta la tantas...



- Una fotógrafa confidente:

Hola Montse! (FO-TA-ZA)



- Una gran anfitriona y el alma de la fiesta:

Aquí parece que no haya roto nunca un plato...

- Unas compañeras de viaje:



Gracias. Gràcies. Danke.

jueves, 10 de abril de 2014

Cosas que vamos a hacer en Berlín

Si hay algo que me gusta tanto o más que el hecho de viajar, es planificar el viaje.
Teniendo en cuenta el próximo destino, las listas en mi cabeza son interminables así que, qué mejor que un sumario de todas esas cosas que vamos a hacer en Berlín esta semana santa. 

- Abrazar a una amiga que hace tiempo que no vemos.

- Pasear por el East Side Gallery, la mayor galería de arte al aire libre del mundo y la mayor parte del Muro de Berlín que se conserva.

Via super_chiarina

- Deambular por la encantadora plaza de Gendarmenmarkt.



- Desayunar y cotillear en la cafetería más encantadora que encontremos. Cotillear y desayunar, qué más da el orden.



- Ir al mercadillo de Mauerpark y comprar alguna cosa estrambótica.



- Descansar y tomar algo en la cervecería-terraza más antigua de Berlín, el Prater Biergarten.



- Comernos un currywurst por la calle.

La foto más artística que he podido encontrar de algo tan calórico.

- Pasear por el barrio de moda, el Kreuzberg.



- Subir a la cúpula de la catedral y quedarnos boquiabiertas con las vistas.

Via visitaberlin.com

- Perdernos entre los bloques del monumento al Holocausto.

Via El Huffington Post

- Pasear en bici por el Aeropuerto Tempelhof, un antiguo aeropuerto convertido en parque. La idea de la bici me la han pasado por radiopatio whatsapp, lo del aeropuerto-parque ya lo tenía yo en mente...

Via visitBerlin

 - Desconectar, reír... y disfrutar de las pequeñas cosas.



Nos vemos a la vuelta, con más y mejor.

jueves, 20 de marzo de 2014

Invierno





Siempre le había gustado el invierno. Esa sensación de frío al pisar la calle, esa sensación de calidez al entrar en casa. Le gustaba ponerse capas y más capas para sobrellevarlo, pero sobre todo, adoraba los abrigos y las bufandas que se terminaba de colocar en el ascensor. Le gustaban los días de lluvia y odiaba esos días que no podía disfrutarlos quedándose en casa con una manta y un libro. Pero ante todo, adoraba el pensamiento de que todavía quedaba invierno por delante, cuando la primavera y el verano se veían lejos en el tiempo. 

Por todas esas cosas, no entendía porque ese invierno se estaba haciendo tan largo.  Esas sensaciones de las que antes disfrutaba, se habían vuelto banales y habían pasado sin hacer mucho ruido durante esos meses gélidos. Se había dado cuenta de que no estaba saboreando al máximo esa estación al ver los almendros con brotes verdes. Brotes que darían paso en unas semanas a nuevas hojas. No sabía cómo, pero se había perdido la mayor alegría del invierno, los almendros en flor. Qué complejo el almendro, florece cuando el resto descansa, cuando los otros no dan señales de vida, cuando los tiempos son duros. Y observando los verdes almendros se dio cuenta de que ya no era la misma, se había cansado del invierno, se había cansado del frío, la oscuridad, la lluvia y los días cortos. Ahora le apetecía ver los rayos de luz detrás de la única nube del cielo y sentir el calor del Sol en su piel. Anhelaba poder meter sus pies en el agua del mar y sentir la arena mojada. Pero por encima de todo, echaba de menos esos días de primavera en los que el tiempo pasa sin prisa y en los que cada sonrisa espontánea en la terraza de un bar es un momento de extrema felicidad. 

Feliz primavera, feliz preverano.